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IV
Jornada de Comunicación de RSE
Ponencia 5: Daniel Arroyo
Continuamos publicando las desgrabaciones de las ponencias
de la IV Jornada de Comunicación de RSE, "RSE
y opinión pública: ¿le importa la
RSE a la gente?", que organizó ComunicaRSE,
junto a Mercedes Occhi Consultora, en la Universidad de
Palermo, el miércoles 27 de Octubre. Aquí,
lo expuesto por el viceministro de Desarrollo Social.
Un panorama de la situación social en Argentina
y de las posibilidades de articulación entre Estado
y Empresa para generar cadenas de valor que faciliten
la producción para lograr inclusión social.
Voy a dividir en cuatro partes la exposición. Voy
a tratar de descomponer el concepto de RSE y Opinión
Pública, empezando por qué es lo social,
cuál es la situación social hoy en Argentina.
Siguiendo por el concepto de Responsabilidad, continuando
sobre nuestra opinión sobre el rol del sector privado
en la Argentina de 2004, y terminando sobre cómo
se vincula esto con la opinión pública.
Empiezo con el tema social. Hoy la Argentina tiene un
44% de pobres. Es pobre la familia que gana menos de $735
por mes. Tiene un 17% de indigentes; es indigente aquel
que gana menos de $335 por mes. Tiene un 12 % de pobreza
por Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), gente
que no cubre las necesidades mínimas: no tiene
piso de material, no tiene las condiciones sanitarias
o está hacinada en su vivienda.
Un 12% de la pobreza, entonces, tiene que ver con la vivienda
y la infraestructura básica, pero el grueso de
la pobreza en la Argentina se vincula con la falta de
plata. Cuando decimos que la mitad de la gente es pobre,
estamos diciendo que no le alcanza la plata para llegar
a fin de mes.
A diferencia de otros países de Latinoamérica,
donde el problema es la infraestructura, en nuestro país
la pobreza tiene que ver con los bajos ingresos de las
familias. Si bien lo social es multidimensional, hay cuestiones
vinculadas a la salud, a la educación y a otros
valores, lo cierto es que el problema central de lo social
es económico, con las dificultades de las familias
de acceder a una canasta básica de alimentos.
En función de esto, yo quisiera incorporar el concepto
de qué es la responsabilidad en la gestión
de gobierno y en la gestión privada.
En principio, se ha planteado históricamente que
la discusión acerca de la política social
fue que si lo que teníamos que hacer era dar
pescado o enseñar a pescar, si dar asistencia
o dar capacitación. Esa discusión está
saldada, está bien dar pescado y enseñar
a pescar, pero el rol de una política social
es garantizar que haya peces en la laguna.
No puede ser la tarea del sector estatal ni del sector
privado sólo dar asistencia y capacitación,
sino ir un paso más allá y poder incluir
económicamente a la población. Garantizar
que funcione la economía local, y que aquel que
se capacita pueda montar una actividad productiva que
le permita incluirse socialmente.
No hay inclusión social sino hay aumento de los
ingresos de la familia, y no hay aumento de los ingresos
sino apostamos todo al trabajo y la producción.
Desde el Estado hemos puesto en marcha un plan, Manos
a la Obra, que lo que da es herramientas, insumos,
maquinas, bienes de capital y créditos no bancarios
para financiar emprendimientos productivos. Hasta hoy
hemos financiado 20.700 proyectos que abarcan a casi 300
mil personas.
Los problemas que tenemos son la calidad, la comercialización
y que los sectores más pobres van más detrás
de las modas que de las posibilidades de producción
de su territorio.
¿Qué es lo que nosotros creemos que tiene
hacer el sector privado? El concepto de RSE se ha desarrollado
mucho en los últimos tiempos. Las empresas tienen
mayor predisposición y recursos volcados hacia
la cuestión social. Pero en general, sigue estando
más vinculado a la asistencia que a la inclusión
en el mercado laboral. Una empresa cuando piensa en RSE
piensa en apoyar un comedor comunitario, en trabajar con
los niños, en hacer programas que atiendan a la
pobreza extrema. Lo cual está muy bien, el Estado
también tiene comedores comunitarios, pero hay
que avanzar más allá.
Un salto en el concepto de la RSE sería que la
empresa genere una cadena de producción. Que la
gente que está en las empresas, los técnicos
y especialistas vayan a ver a los micro-emprendedores
y les den ideas sobre cómo mejorar la calidad de
producción.
La RSE tiene que estar orientada fuertemente a la inclusión
económica, sino no va a haber menos pobres en Argentina.
La inclusión económica es que los más
pobres produzcan con calidad, vendan y tengan mayores
ingresos.
El rol del sector privado, que es el que sabe de producción,
es volcar sus conocimientos, armando cadenas de producción,
entrenando y capacitando y, como modelo ideal, logrando
que esos pequeños emprendedores se conviertan en
proveedores de esas empresas. De las pymes, de las grandes
empresas, generando procesos de inclusión real,
sustentable en el mercado económico.
Este es el objetivo central y hacia donde apuntamos con
la RSE.
Esto nos pasa también con las universidades. Muchas
vienen y nos dicen: queremos hacer una jornada solidaria,
cuáles son los comedores que tenemos que ayudar.
Por supuesto que eso está muy bien. Pero tal vez,
los universitarios deberían ir a capacitar a los
que vienen más atrás para que entren en
el mercado laboral.
El primer desafío es poder vincular a los pequeños
productores con las grandes empresas y lograr que lleguen
a buenos niveles de calidad en la producción. Hay
que vincular a los proveedores medianos de las grandes
empresas con estos pequeños emprendedores.
El segundo desafío es incorporar a los jóvenes,
que son el grupo de riesgo más importante, de situación
más crítica. Hay que fortalecer todo lo
que tenga que ver con los jóvenes.
El tercer dilema es qué tipo de empleo estamos
generando. No se puede crear empleo de cualquier manera.
Doy un ejemplo. Estamos financiando un emprendimiento
textil en la provincia de Buenos Aires que da empleo a
70 personas, que pasaron de ganar cero pesos a ganar $
300. Le venden fundamentalmente a una empresa multinacional
que hasta les da la etiqueta para que produzcan para ellos.
Esta empresa les compra a la mitad del valor que le compra
a otra industria textil.
¿Cómo articular empresa con micro-emprendedores
pero con calidad de empleo y salarios hacia arriba, no
hacia abajo? Necesitamos un mecanismo que nos permita
hacer proveedores a estos emprendimientos pero en condiciones
de igualdad.
Si estas 70 personas sólo le venden a esta empresa
multinacional en esas condiciones, es como si el Estado
le hubiese comprado las maquinas a la empresa multinacional
para que pueda reducir sus costos y no para tratar de
disminuir la pobreza con el plan Manos a la Obra.
En este proceso, la opinión pública y los
medios de comunicación tienen un rol. Hoy la opinión
pública ve la RSE en términos de solidaridad.
Pero sabemos que tenemos que dar el salto hacia la producción
y la inclusión. Esa va a ser la única
vía para reducir la pobreza.
Diciembre de 2004
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