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IV Jornada de Comunicación
de RSE
Ponencia 8: Santiago
Lacase
Continuamos publicando las desgrabaciones de las
ponencias de la IV Jornada de Comunicación de
RSE, "RSE y opinión pública: ¿le
importa la RSE a la gente?", que organizó
ComunicaRSE, junto a Mercedes Occhi Consultora, en la
Universidad de Palermo, el 27 de Octubre de 2004. Aquí,
lo expuesto por el Director Ejecutivo de IPSOS-Mora
y Araujo. La tensión entre la visión tradicional
de la función de la empresa y quienes demandan
socialmente. El déficit en la cultura de la RSE
en la Argentina. Qué está demandando la
opinión pública al sector privado.
Nosotros hacemos investigación de opinión
pública, tanto para el sector corporativo, como
para el sector político, lo cual nos permite
tener una visión ampliada.
La primera encuesta sobre el tema de responsabilidad
social empresaria (RSE) la hicimos el año pasado
(2003). Voy a tratar de darles los dos elementos de
esta encuesta que me parecen importantes.
Le preguntamos a la gente si consideraba importante
que las empresas tengan planes de RSE. Obviamente el
83% contestó que sí, lo cual no fue ninguna
sorpresa. Sí hubo un punto que nos pareció
importante, y fue que le preguntamos a la gente si estaba
dispuesta a cambiar el producto o el servicio
que había comprado, sabiendo que la otra
empresa tenía planes de RSE: el 70% dijo que
sí. De lo que se dice a la práctica hay
un trecho largo, pero me parece que un 70% que diga
esto es más que interesante.
En 2004 avanzamos un poco más y lo que hicimos
fue preguntar sobre cómo veía la gente
al tema RSE.
Le preguntamos a la gente con cuál de estas dos
frases se sentía más cercano. La primera
que tiene que ver con si las empresas tienen que
ganar dinero, pagar sus impuestos y cumplir con sus
responsabilidades hacia sus empleados y el medio ambiente.
Esta sería la función que nosotros denominamos
tradicional o clásica, hacer lo mínimo
indispensable. La segunda aseveración tenía
que ver con hacer lo que la ley pide y un poquito
más. Vemos que las respuestas están
muy divididas, un 49% en el primer sector y un 47% en
el segundo, si uno toma el margen de error de la encuesta
que es de 3 puntos, podemos decir que están empatados.
Al segundo grupo lo denominamos el más
demandante socialmente.
Voy a adelantar una de las conclusiones importantes
del estudio. Al trabajo lo cortamos por nivel socio-económico,
y vemos que el sector tradicional o clásico
pertenece a niveles económicos sociales altos.
Vemos que el 52% es ABC 1 y el 53% es C2 y C3, en tanto,
los sectores demandantes socialmente pertenecen
a estratos más bajos.
Un dato que surgió del estudio, y que en realidad
fue una interpretación cualitativa de un trabajo
cuantitativo, fue que no está incorporado en
Argentina el concepto de Función Social
de la Empresa. La gente no demanda esta función,
no porque no crea que es necesario, sino porque no la
conoce.
Los niveles socioeconómicos más bajos
demandan asistencialismo, porque son el sector más
perjudicado. Como decía Daniel Arroyo (viceministro
de Desarrollo Social, panelista de este seminario) existe
un país con 44% por debajo de la línea
de la pobreza. Es difícil que este sector esté
demandando una función social de la empresa,
porque no la conocen y porque primero tienen que
comer.
Que el otro sector, que es de nivel socioeconómico
alto, y que tiene una visión más integrado
al mundo, y al sector privado, entienda que la empresa
tiene que limitarse al modelo tradicional, es llamativo.
La respuesta que encontramos es nuevamente que no existe
en la sociedad la idea de Función Social de la
Empresa. Este sector alto entiende a la RSE como asistencialismo,
y para ellos está mal, está mal que lo
hagan las empresas. Lo debe hacer el Estado.
Nosotros no lo vemos así: la empresa es el principal
motor del desarrollo. Coincido además con la
visión del Profesor Marcelo Paladino (investigador
en RSE de la Universidad Austral, panelista de este
seminario). Nuestra interpretación sobre los
dos sectores es similar. Él plantea que el primer
grupo, que nosotros denominamos tradicionalistas, pertenece
a una visión neoclásica de la economía,
y el segundo grupo son quienes tienen una visión
ampliada de la sociedad.
Nosotros hacemos continuamente estudios de opinión
pública analizando la relación de la gente
con las empresas. De los últimos tres años
a hoy, notamos que hay una caracterización que
hace la gente de las empresas que es muy interesante.
Lo dividimos en tres: privatismo, nuevo
estatismo y estatismo puro.
El privatismo, que es alrededor del 30%
de la población general hoy, son las personas
que están a favor de mantener el privatismo,
tal como lo conocimos en la década de los noventa.
El estatismo puro, que es menos del 20%
de la población, quiere volver al Estado de bienestar,
con empresas pertenecientes al Estado. El 50% de la
población está a favor del nuevo
estatismo, que es el respeto y la valoración
de las empresas privatizadas y concesionadas, pero que
exige que haya un actor que establezca reglas de juego
claras, y que se cumplan. Ese actor es el Estado. No
están pidiendo volver a una economía centralizada
y de empresas públicas, sino de que haya un Estado
que arbitre.
Los que tienen una visión tradicional de la función
de la empresa son privatistas, por eso entendemos
que tengan una visión peyorativa del asistencialismo,
y vemos que los demandantes socialmente
son los que están a favor del estatismo
puro, porque como decíamos antes es el
grupo que fue más perjudicado por el crack
del 2001, y exigen asistencialismo puro. Lo que no quiere
decir que la empresa pueda hacer docencia, y hacerles
entender que además del asistencialismo existe
la Función Social, como el establecimiento de
planes en el largo plazo, y que sean sustentables, para
generar riqueza y producción.
Avanzamos también sobre la reputación
corporativa, con un diseño de una Universidad
de los Estados Unidos. Le preguntamos a la gente qué
factores componen la imagen de una empresa. Distribuimos
los factores entre los que están relacionados
con la RSE, y los que no lo están. Vemos que
aquí también hay un empate. Los factores
que hacen a la RSE son un 49% de la muestra. En la cabeza
de la gente, la performance social de una empresa es
importante a la hora de formarse una imagen. El factor
con más peso es que la empresa contribuya
con la economía del país, esto está
relacionado con la generación de empleo, que
es el principal problema social para el 80% de los ciudadanos
argentinos que encuestamos mensualmente.
Hicimos una comparación entre la encuesta de
2003 y la de 2004. Le preguntamos a la gente qué
le demandaría a la empresa. En 2003 la
asistencia social y alimenticia era el 48% de la demanda,
y la Educación un 23%. En 2004 fue casi
inversamente proporcional. Esto tiene que ver con una
cuestión ciclotímica de la sociedad argentina,
casi maniática. Pasamos de la pena absoluta a
la euforia absoluta. La encuesta de 2003 mostraba una
sociedad quebrada, que exigía asistencialismo
social. Un año después la educación
es la principal demanda.
Si esta encuesta la hiciésemos en Europa o en
un país desarrollado, quizás el medio
ambiente sería una de las cualidades más
importantes. Sin embargo, cuando le preguntamos en forma
proactiva si el medio ambiente conforma la performance
social de una empresa, dicen que sí, aunque
no sea una demanda directa.
Algunas conclusiones finales.
En el año 1996 me tocó hacer el plan de
RSE de Telecom. Personal, e hicimos una distinción
en dos etapas, completamente arbitrario y tal vez equivocado,
pero que vale para la discusión. Una primera
etapa que la ubicamos en la década de los ´90,
donde yo fui un actor de este desarrollo de la RSE y
no me fue bien. Nos lanzamos sin ningún tipo
de conocimiento de la opinión pública
y de lo qué era la RSE. En esos años la
RSE estaba más ligada al marketing social y a
cuestiones de imagen de las compañías.
A partir de 2001, luego del quiebre social, este paradigma
cambia, y no porque las empresas se lo propongan, sino
porque la sociedad se los demanda. Hoy la sociedad está
demandando cosas que hace 10 años no se planteaban.
Está en la empresa poder aprovechar esta demanda
de la sociedad, y convertirla en una Función
Social de la Empresa.
Es cierto que el equilibrio es complicado. La gente
demanda asistencialismo, en una sociedad con un 44%
de la pobreza, el asistencialismo va a estar.
Vemos que hay un cambio de paradigma en cuanto a la
visión de la empresa. Vemos que la empresa ya
no es la empresa demoníaca de los noventa. En
los estudios que hicimos a partir de 2001 cambia esa
visión de cuco.
Ahora la gente quiere que los empresarios se comprometan
y trabajen junto a los políticos para sacar adelante
el país. Esta es una oportunidad enorme para
la empresa de tener una nueva Función Social.
Enero de 2005
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