Componente de adaptación, elemento clave del Acuerdo de París

15.02.2016 | Cambio Climático

En el acuerdo firmado por 195 países en la COP 21, se destaca la importancia del componente de adaptación con respecto a la mitigación, esto significa que los países más vulnerables tendrán posibilidad para adaptarse y desarrollarse, tales como Honduras, El Salvador y Nicaragua.


“Un incremento de los niveles de mitigación puede reducir la necesidad de esfuerzos adicionales de adaptación”, esta frase está presente en el párrafo 4 del artículo 7, y establece la relación entre mitigación (reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero o GEI, responsables del cambio climático) y adaptación (esfuerzos de los países para adaptarse a los efectos del cambio climático). Es importante la mención, porque es la primera vez que se incluye una meta cualitativa en adaptación, la cual consiste en aumentar la capacidad de adaptación, fortalecer la resiliencia y reducir la vulnerabilidad al cambio climático. El objetivo es proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas, teniendo en cuenta las necesidades urgentes e inmediatas de los países más vulnerables. Además el acuerdo fomenta  que los países presenten de manera periódica reportes sobre problemáticas y avances en adaptación.

Tania Guillén, ingeniera ambiental y especialista en cambio climático, sostuvo que tras años de negociaciones, en el Acuerdo de París, se logró un reconocimiento general a la adaptación con respecto a la mitigación. “Lo que refleja el texto es principalmente un trabajo para lograr un objetivo mundial relativo a la adaptación, que es el resultado de la información contundente sobre los efectos adversos del cambio climático que ya viven países y comunidades alrededor del planeta. Era prácticamente imposible que adaptación fuera relegada en el Acuerdo de París”, comentó Guillén.

El artículo 9 del Acuerdo de París está referido al financiamiento, y establece que se debe buscar un “equilibrio” entre el financiamiento para la adaptación y mitigación. En el mismo párrafo se menciona que las subvenciones serán destinadas a los países “particularmente vulnerables” y no solamente a los países menos adelantados (PMA) o los estados insulares (PEI), ya que antes solamente se realizaban trabajos o actividades exclusivamente en esos países, porque eran reconocidos como de mayor vulnerabilidad. Además la financiación para la adaptación debe ser en carácter de “donación”, evitando así que los países vulnerables contraigan una deuda para poder combatir los efectos negativos del cambio climático.

Guillen explica que “Países como los latinoamericanos no contaban con las mismas ventanas de apoyo y/o financiamiento, por ello, se puede identificar que en materia de adaptación – que es la prioridad de la región -, muchos de las naciones todavía no cuentan con instrumentos tan importantes como los Planes Nacionales de Adaptación. Con el Acuerdo de París, esperamos que el esfuerzo técnico y la planificación de la adaptación – a todos los niveles – se vea reforzada”.

De la misma manera Deissy Martinez Barón, coordinadora científica del Programa de Investigación de CGIAR en Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS) expone “En el  Acuerdo también se exhorta al Fondo Verde del Clima para que acelere la prestación de apoyo a los países menos adelantados y a otros países – que son países en desarrollo –  para la formulación de sus planes nacionales de adaptación. Por lo tanto, el compromiso, voluntad y capacidad de los países en diseñar proyectos, planes y programas integrales que consideren el clima como un componente esencial en la planificación para alcanzar el desarrollo es la principal estrategia para financiar la adaptación de manera coherente, especialmente en el sector agropecuario”. En decir, en el Acuerdo propone alternativas, para incorporar medidas de defensa contra el cambio climático.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que para un aumento de temperatura de 2.5°C, los costos podrian alcanzar entre el 1,5% y el 5% del PIB regional. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha estimado que para un aumento de temperatura de 2°C, el costo alcanzaría los US$ 100 billones de dólares por año, monto superior al financiamiento necesario para la mitigación y adaptación a nivel global. Latinoamérica sólo es responsable del 10% de las emisiones globales de GEI, pero es una de las regiones más afectadas por los efectos negativos del cambio climático.

Los países como Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua tienen importantes desafíos en áreas de desarrollo, pobreza e indigencia, inseguridad alimentaria, inequidad social y desigualdad, pero tales retos se agravan por los diferentes fenómenos climáticos como por ejemplo El Niño, que acarrea disminuciones en las precipitaciones y periodos más secos; provocando crisis en materia alimentaria y nutricional ya sea por los ingresos familiares o por el acceso y disponibilidad de lo alimentos, explica Deissy Martinez Barón.

“En este sentido, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, tienen la oportunidad de aprovechar el marco internacional que reconoce la importancia de la adaptación como un mecanismo para alcanzar el desarrollo y que al mismo tiempo habilita escenarios en los cuales se articule la financiación necesaria para aumentar resiliencia en los países más vulnerables”, explica Martínez.

“Debe aumentarse de igual manera el trabajo de adaptación y de mitigación, eso ayudará a reducir las pérdidas y daños vinculados a los efectos extremos del cambio climático, aspecto que no resultó totalmente satisfactorio en el Acuerdo de París, y que es un aspecto a los que se tendrán que enfrentar especialmente las comunidades”, finaliza Tania Guillén.

Fuente: ConexiónCOP 

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